Nuevo libro de R. A. Ramírez-Báez

 

La Casa de la Cultura Ecuatoriana de Nueva York se complace en invitarle a dos presentaciones del nuevo libro del escritor dominicano R. A. Ramírez-Báez, Los hijos de Agua Ceniza (novela, Nueva York 2001: Editorial Sitel,  253 pp). Ambas presentaciones estarán a cargo de Petronio Rafael Cevallos.

            La primera presentación de este libro se realizará el viernes 9 de noviembre, a las 5:00 PM, en la Librería Lectorum, 137 West 14th Street (entre 6th y 7th Ave), Bajo Manhattan.

            La segunda presentación será el viernes 23 de noviembre, a las 7:00 PM, Casa de la Cultura Dominicana, 1828 Amsterdam Ave. (entre 150 y 151 St), Alto Manhattan.

            Ramírez-Báez es un joven escritor dominicano, autor del best-seller Los muertos también hablan.

            Más información al 718-426 6796.


 

 

Deforestación fatal

 

Guido Fernando Calderón

Guía ecoturístico ecuatoriano

Baños, Ecuador

E-mail: ecuadormaravilloso@yahoo.com.mx

 

Pedro y su familia escuchaban, silenciosos y asustados, la fuerza de la lluvia sobre el tejado de zinc de su maltrecha casa, ubicada en las laderas de la montaña, cuyo bosque había talado a pesar de que le aconsejaron de que no lo hiciera, pues sin los árboles la ladera se debilitaba, el suelo se humedecía en exceso y vendrían los derrumbes. La urgencia de dinero y bajo el justificativo de que “tengo que dar de comer a mis hijos”, tumbó el bosque y ahora, al escuchar bramar el agua en su acelerado descenso sin ni árboles que la contuvieran, empezó a sentir un miedo que, con la entrada de la noche y el arreciar de la lluvia, se transformó en pánico. Cuando un sonido espantoso le hizo saber que la montaña desbrozada se venía abajo, cogió a su hijo menor y corrió fuera de su casucha para entrar en plena guerra con el aluvión de fango, del cual salió peleando como un tigre.

            Con el amanecer, el espectáculo fue terrible. Todo lo que tenía y por lo que había luchado una vida entera, así como las vidas de su esposa y sus otros tres hijos, se habían convertido en barro. En su llanto y mientras buscaba en el negro lodo los cuerpos de los suyos, maldecía a los madereros que le convencieron de vender, a los del INEFAN que le autorizaron la tala, a los transportistas que ávidos llegaron a cargar todo, incluso los árboles más pequeños y al Gobierno que le enseñó que la única forma de ser propietario de un pedazo de montaña amazónica es tumbando el bosque.

            La llegada de más gente cargando a cuestas únicamente la ropa que levaba puesta y la misma gigantesca tragedia de haber perdido a sus familiares y pertenencias, le hizo saber que el vuelo del helicóptero, era para cuantificar la tragedia que se dio en la vía Papallacta-Baeza, de la cual nunca se sabrá la cantidad exacta de muertos, pues la inoperancia de la anacrónica e indolente Defensa Civil, hacen dudar de sus informes y de una eficiencia que nunca tuvo y menos ahora que la tragedia fue generalizada.

            Siempre seguirá lloviendo y las tragedias serán mayores, porque la torpeza e ignorancia del Gobierno y sus Ministros se evidencia cuando, presentando la lista de muertos por delante, logran un crédito de 25 millones de dólares de la CAF para el mejoramiento de la carretera Baeza-Tena, a la cual le implementarán drenaje, pavimentación, puentes, señalización; pero nada que impida que la tragedia suceda nuevamente; esto es, restituir los árboles y bosques que frenan la fuerza de la lluvia, que absorben el 80 por ciento del agua e impiden que se formen los aludes, aluviones, deslaves, deslizamientos, crecientes y riadas, que son los que matan y pasan su factura de tragedia y desgracia a cambio de las arboledas que se tumbaron.

            La vulnerabilidad del país aumenta cada día en la medida que se talan sus bosques, pues los derrumbes que se dan por esta causa en la región interandina, a más de matar gente, no hacen sino darle más peso y fuerza a las corrientes que bajan a inundar la Costa o, como en esta última tragedia, la Amazonía, de donde no llegan todas las malas noticias que sucedieron porque se desconoce el número de pobladores que habitan sus orillas.

            Es incomprensible que tantos técnico de tantos ministerio, ante una desgracia de estas dimensiones —que en nuestro país tiene el grado de recurrente—, se propongan una montaña de “científicas” soluciones y no la más evidente y sencilla: Semillas que tienen más poder que tractores. Semillas que se convierten en guardianes permanentes y sustento diario de la vida del hombre. Pero es clara la ignorancia e irresponsabilidad. A pesar de esta terrible tragedia y de la vulnerabilidad en aumento, la tala salvaje se mantiene diariamente en todo el país con la complicidad criminal del Ministerio del Ambiente, de los Consejos Provinciales y de la miopía presidencial.