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Primera Feria Internacional del Libro Ecuatoriano

Petronio Rafael Cevallos

Todo lo que puede ser imaginado puede algún día convertirse en realidad, dice Julio Verne, novelista francés que en el siglo XIX imaginó y escribió sobre los viajes submarinos y a la luna. Hasta hace poco esta Primera Feria Internacional del Libro Ecuatoriano era un simple pero caro sueño. Ahora ya es una realidad cumplida. Por tres días consecutivos, disfrutamos de un verdadero banquete literario, artístico y cultural. La lista de reconocimientos es larga, pero la gratitud obliga. Nuestro agradecimiento a Jaime Galarza Zavala, autor del clásico El festín del petróleo, por cuya iniciativa se gesta este trascendental evento; a Luis Enrique Fierro y, por su intermedio, a Marco Antonio Rodríguez y —por extensión— a la Casa de la Cultura Nacional; a nuestro Diego Machuca, cargador internacional, que hizo posible que los libros donados por la Casa de la Cultura llegaran a Nueva York; a Cecil Villar, nuestra aguerrida presidenta y a todo el equipo del Núcleo neoyorquino, con especial mención para Xavier Nieto, Franklin Santana, Héctor Pauta Pignataro, Gilberto Crespo Crespo; al Consulado General del Ecuador que nos ha proporcionado este espacio; a las empresas que nos han auspiciado, como Zhumir, EcuaTimes, Latin USA; a los autores, artistas y expositores en general -Plinio Garrido, Margarita Ballester, Alex Lima, Melania Maldonado, Silvia Rey, Carlos Nieto, Aminta Buenaño, Ricardo Vasconcelos, Jessica, Martha Aguirre, Humberto Alvarado, Franklin Valarezo, Mauro Calderón (y, con todo respeto, a las delicias culinarias que nos ha obsequiado su compañera), Franco Galecio, Hernán Cazar Luna, Elssie Cano, Luzmarina Montesinos-Lally, Freddy Gómez Cajape, Metamorfosis, Elizabeth Romero, Carmen Valle, Araceli Tinajero, Melba Alhonte, Rina Soldevilla, Helio Lizárraga, Dimas de La Fuente, Segundo Orellana, Auberto Bauque, Manuel Paucar, Abraham Ushiña, Amado Mora, Víctor Cuya, Fausto Álvarez, Hamlet Zurita, Daniel Vásquez, Fabián Tacuri, Bertha Heide; a los voluntariosos voluntarios Samuel Shawn, Robin Abney, Howard Dacosta, Glenn Walker, Debbie Philip, Afeez Abidun, Brenda Lee, Melicia Roache, Tani Clark, Lanna Larose, Andre Sinclair, Tonji Fuller, Erika Nedd, y tantos otros que gallardamente nos han ayudado durante estos tres intensos y hermosos días; y a Uds., amigas y amigos, que nos han acompañado en el dolor.
Una Feria de libros no es un evento común sino un despliegue de esfuerzos y talentos coordinados con el fin de difundir y promover la palabra; esto es, la palabra escrita. Hasta hace un mes todavía no teníamos un local donde realizar esta Feria. Gracias a la gestión de José Elías y Gioconda Rodríguez, y con la aquiescencia del Cónsul, Santiago Chiriboga, se logró asegurar esta sede. Aquí hay un punto de rigurosa reflexión, que convida a la acción política directa e inmediata. ¿Por qué los ecuatorianos en esta ciudad no cuentan todavía con una sede y presupuesto que, con sobrada justicia, les corresponde; siendo Nueva York la capital mundial de la diáspora ecuatoriana y -en términos demográficos, económicos y culturales- la tercera ciudad del Ecuador, luego de Guayaquil y Quito? 
Como escritor, entiendo una Feria del Libro como un hecho cultural ecléctico donde el libro es protagonista, pero complementado por la exhibición de muestras de otras artes —pintura, escultura, fotografía, danza, música, teatro, cine—; tiene como objetivo motivar la inclinación a la lectura y escritura; es decir, a la adquisición de saberes varios, a la experiencia y expresión estética y, en suma, al desarrollo intelectual. Para escribir bien, primero hay que ser un buen lector; de la misma manera que para correr hay que primero aprender a caminar. Ojalá que hayamos cumplido este objetivo, el de suscitar la lectoescritura. Esta Primera Feria del Libro no será la última. Propongo que se realice todos los años o, en su defecto, cada dos años. En un breve autoanálisis, ésta es una primera feria, se han cometido errores y es de siembra; las que vendrán serán de cosecha, cada vez más abundante. Como ya lo he dicho antes, el fracaso es un auténtico hijo del Espíritu Santo, ya que nadie se adjudica su paternidad; mientras que el triunfo es un verdadero H de P, ya que tiene más de mil padres. Esta primogénita celebración internacional del libro ecuatoriano es un triunfo. A su vez, de aquí nacerá un libro, documento artístico-histórico que recopilará todos los trabajos que se han presentado a lo largo de este inolvidable evento. Sugiero que se publique por medio de la Matriz de Quito. No lo olvidemos: Todo lo que puede ser imaginado puede algún día convertirse en realidad. Nos vemos en la Segunda Feria Internacional del Libro Ecuatoriano en Nueva York 2008.

Palabras de clausura de la Primera Feria Internacional Libro Ecuatoriano en Nueva York
Domingo 20 de mayo, 2007
© Copyright 2007: Petronio Rafael Cevallos
Derechos reservados




De pie -izquierda a derecha: Auberto Bauque, Benny Fajardo, Franco Galecio, Manuel Paucar, Gilberto Crespo Crespo y Amado Mora.
Sentados -mismo orden: Héctor Pauta Pignataro, Petronio Rafael Cevallos, Luis Castro, Cecil Villar, Nicolás Chango, Jaime Galarza Zavala y Franklin Valarezo.


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